jueves, junio 20

Sabadell: Los catalanes ante los banquillos | Economía

Un banco es un conjunto de números y una propuesta profesional. Pero, más o menos, es su destino, la clientela: resulta ser, un cuadro socioeconómico, su territorio territorial. Sabadell es uno de sus héroes valencianos más recientes, socio de Cataluña, cuya empresa es: ¡sus pymes!. Es también una historia de complicidad desde su nacimiento en 1881.

Entrado este siglo los catalanes parecían haber saltado su atribulada trayectoria financiera. Con dos palancas. Una década de cajas de terror especializadas en la familia, la vida, el consumo. Otras, dos entidades activas: el alcalde de todos los fondos, reconvertido en banco (Caixabank, en 2011) así como un banco de origen local y textil, el Sabadell, catapultado meteóricamente, durante 14 años de absorción en unos pocos años, en un grupo bancario español.

Antes de eso, pesamos sobre los dos subsectores, los bancos y las cooperativas de crédito. Cataluña, que «empezó a construir adecuadamente sus instrumentos financieros hasta principios» del siglo XX, «pasó luego por personajes muy ilustres» -el pueblo, el desplome del gigante Banco de Barcelona en 1920-, «como los instrumentos financieros de acumulación y dirección son los escurrían de los dedos”, escribía Joan Sardà en 1967 en el programa “La aptitud financiera de Cataluña», de Jacint Ros y Antoni Montserrat. La empresa privada había dicho: “Nuestra industria está en un círculo vicioso; sin prórroga por falta de crédito; no lo tiene porque es demasiado pequeña para merecerlo”, se lamentaba cuatro años antes Romà Perpinyà i Grau. Y así han transcurrido estas largas décadas.

Esta memoria histórica todavía está presente en el subconsciente colectivo. Por la credibilidad del Fondo de la Guerra Civil, cuando operaba en las zonas y por las cuotas de todos sus compromisos, incluidos los depósitos en pesetas republicanas. ¿Números en solitario? Sí, por supuesto, pero organizado para este fin y para su utilidad.

Las entidades de terror deben competir con el banco con entidades jurídicas más estrechas. Sobre todo hasta 1978. Pese a ello, se expandieron en Cataluña –y más allá– au level german. Mandaban cada vez más en el mercado financiero juntos: superaban sur dos tercios, por solo cerca de la mitad en el global Español. En 2003, su cuota de oficinas era del 68,23% (frente al 52,97% en España). En 2002, su participación en los depósitos aumentó a 70.195 (el 51,25%); y en créditos, el 53,61% (frente al 45,56%), cifró Joan Cals (El lanzamiento de cajas de terror., Ariel, 2005). Esta hegemonía es la clave de su arraigo territorial y social, basado en “facilitar el acceso a servicios financieros a colectivos desfavorecidos, contribuir al desarrollo económico del área de acción y retorno a la sociedad local por parte de los beneficiarios obtenidos”. subrayaba Cals.

La intención del BBVA de adquirir el Sabadell cosecha hoy una reciente vuelta adicional entre los catalanes -Bilbao y Vizcaya despertando admiración- no sólo les permite perder «su» banco especializado en pymes. Porque la concentración extranjera tiene más competencias que el grupo: hay un 46% de municipios catalanes sin cajas registradoras automáticas, según información de 2022 de la Autoridad Catalana de Competencia. También porque la entidad de origen lejano fue incorporada dentro de su ámbito a sus nuevos fondos en el Principado. ¿A qué se debe esta erosión de la percepción social?

La succión del ayuntamiento de las 45 entidades del horror español de 2008 por parte de sus rivales bancarios tras la Gran Recesión de 2008 (exposición al sector inmobiliario, límites legales, gobernanza desordenada) se llevó a cabo sin debate ni digestión real. Esta salida de emergencia dejó tras de sí un dolor oculto, ahora disponible. Más agravado en el panorama socioeconómico catalán. Entonces el cuarto banco español se dedicaba como el segundo gran banco -junto a Caixabank- a salvar la encrucijada de decepciones históricas… salvo con impate. Hasta ahora.

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